En los últimos días el país observa atónito la avalancha de denuncias de corrupción que enlodan al gobierno aprista. Pero hoy, en el año 2010, esta no es una situación aislada que ocurre entre supuestos demócratas impolutos sino la persistencia de un sistema de corrupción, que viene de antaño con la república criolla, que es repotenciado por Fujimori y Montesinos en la década pasada y determina la acción de los siguientes gobiernos elegidos. La corrupción, entonces, como lo hemos dicho reiteradas veces, no es solo un problema de conductas sino de sistema. Se trata de un capitalismo de amigotes en el que nuestro territorio no se entiende como un mercado (bueno fuera) ni como una nación, sino como una plataforma de saqueo de las riquezas que en él se encuentran.

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Diario La República