Modesto y hasta deslucido ha sido el discurso del Presidente. Queda poco del líder aquel que lanzaba frases altisonantes y convocaba multitudes en los 80 e incluso al regreso de su exilio parisino. Hoy, da la impresión de que el demasiado frecuentar la mesa de los ricos lo ha hecho perder fuelle y olvidar el horizonte. No se trata solo de sus iniciales arengas antiimperialistas de antes sino incluso de los sueños neoliberales de hace pocos años cuando quería convencernos, “perro del hortelano” de por medio, que el saqueo de nuestras riquezas es el mejor camino al desarrollo. Quizás ahora cree que teniendo de su parte al poder del dinero ya no tiene que convencer a nadie para continuar controlando los resortes del poder.

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Diario La República