Una cuestión central a dilucidar en la muerte del disidente cubano Orlando Zapata es si se trató de un desenlace producto de su huelga de hambre y achacable a él mismo, o de un crimen de Estado producido por las condiciones de la represión política en su país. Creo que se trata de lo segundo y por lo tanto me parece que Orlando Zapata ha muerto de dictadura.

Para la izquierda peruana y latinoamericana es fundamental establecer el carácter de las violaciones a los derechos humanos que se producen en Cuba, entre las que el crimen de Zapata es solo uno de los últimos episodios, para dejarle muy en claro a la ciudadanía que no pretendemos como futuro nada parecido a la dictadura totalitaria que impera en la isla.

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Diario La República