Carlos Franco, un homenaje

Sábado, 7 Enero 2012

El componente emocional para hablar del amigo que se fue en el caso de Carlos Franco adquiere una dimensión particular. Primero por la manera en que Carlos interactuaba con los demás, el cariño que demostraba en cada encuentro y el cuidado especial por la amistad compartida. Pero, además, en mi caso por la calidad de hermano mayor que Carlos fue para mí, su compañía en estos últimos veinte años que fueron el tiempo de nuestra amistad, así como los consejos certeros dichos de una manera que era casi imposible no tomarlos en cuenta.

Carlos FrancoEl Carlos privado, sin embargo, era inseparable del Carlos público. Su humildad y hasta cierta timidez lo alejaban de los reflectores. Ello a pesar de brillantez de sus reflexiones sobre el país que lo llevaron a hacer contribuciones singulares sobre el velasquismo, la formación de la nación peruana, la confluencia de pensamientos de Mariátegui y Haya de la Torre, la ciudadanía plebeya y, sobre todo, la crítica a la manera de reflexionar sobre la democracia en América Latina.

Esta brillantez intelectual lo llevó a hacer apuestas políticas de fondo, como fueron su adhesión al reformismo militar de los años setenta y al populismo tardío del primer Alan García. En ambos vio una proyección del nacionalismo de izquierda al que adhería y el que fracasaran las apuestas que hizo no invalida necesariamente sus puntos de vista, sino resalta la voluntad de compromiso con las ideas forjadas en décadas de estudio y reflexión sobre la práctica. Quizás este compromiso lo diferencie de otros intelectuales que, por eso mismo, buscaron marginarlo y tenerlo a cierta distancia. Lo que fastidiaba en muchos círculos, que juegan a ser independientes, era su actitud, a la vez austera y militante, de las ideas y las causas de la izquierda.

Vale la pena sin embargo, detenerse en un libro fundamental, publicado el año 1998, “Acerca del modo de pensar la democracia en América Latina” y que tuve la oportunidad de presentar, junto con Sinesio López y Rafael Roncagliolo, por esas fechas. Allí Franco hace una crítica frontal a lo que en su momento llamé la “democracia barata” en nuestra América, refiriéndose a la importación acrítica y vacía de un concepto minimalista de democracia liberal, por parte de teóricos ganados por el liberalismo como Fernando Henrique Cardoso y Guilllermo O´Donnell. Franco empieza por la crítica epistemológica, reclamando por el abandono de la perspectiva estructural en las versiones de democracia que llegan en la década de 1980. Este abandono, argumenta, reduce el análisis político a una mera interacción entre actores, lo que nos deja en las manos de alguna versión del conductismo anglosajón que se mete por la ventana, sin contrastar sus planteamientos con perspectivas anteriores cultivadas en la región.

Carlos Franco agrega que la democracia liberal que nos venden los gringos, de la mano de los teóricos señalados, no sólo es ajena a la tradición democrática latinoamericana, que se remonta al desafío populista del orden oligárquico, sino que ni siquiera responde a los mínimos de la democracia representativa que se practica en el mundo occidental. Franco llama a esta un régimen representativo particularista, porque se trata de gobiernos elegidos pero que no representan al conjunto de ciudadanos, especialmente a los que constituyen su identidad como tales desde abajo. Esta democracia devaluada es la que impide la consolidación de este régimen en América Latina y lo contrapone a la dinámica de la vida económica y social.

Esta contribución hace a Carlos Franco quizás si el analista político que más ha contribuido al desarrollo de la teoría democrática en estas tierras, situándose en la tradición crítica de la intelectualidad en la región latinoamericana, en contrapunto con el pensamiento genuflexo, que entiende la democracia como reparto de intereses y privilegios.  Por todo ello, las ideas y la vida de Carlos constituyen una lección para los que nos quedamos por acá para construir un orden democrático que sea tal por ciudadano, antes que por aplicar alguna receta  importada.

Diario La República

Guillermo O´Donnell

Lunes, 12 Diciembre 2011

El reciente fallecimiento de Guillermo O´Donnell  en Buenos Aires es una buena ocasión para reflexionar, a través de sus aportes al debate contemporáneo, sobre los dilemas, límites y proyecciones de una disciplina relativamente joven en la región como es la Ciencia Política.

GuillermoO´Donnell ejemplifica en América Latina al politólogo preocupado por darle un enfoque teórico a su reflexión y sacar de ella consecuencias para la política práctica. Es en este sentido un académico comprometido, en su caso con la luchas contra las dictaduras que asolaron la región en los setentas y los ochentas y posteriormente con la difícil y muchas veces irresuelta consolidación democrática. Supera así al análisis político como simple narración de los acontecimientos y a los que lo hacen como meros observadores de la realidad –ambas características muy comunes en el Perú- . Busca para ello darle una validez a sus planteamientos tratando de influir en el curso de los acontecimientos.  Esta figura del intelectual comprometido, si bien ya no es la del intelectual militante, es importante de resaltar frente al cinismo reinante en los predios de alguna irreflexión política.

El autor argentino expresa también, en los límites de su reflexión, los dilemas de la Ciencia Política contemporánea. Ello tiene que ver con los enfoques que usa en los distintos momentos de su carrera y con la presencia y/o ausencia de “soluciones de continuidad” entre un momento y otro de su reflexión. Definitivamente hay varios O´Donnell.

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Publicado en el Diario Página 12- Argentina

El triunfo de Cristina y América Latina

Jueves, 8 Diciembre 2011

El triunfo de Cristina Fernández de Kichner con el 54% de la votación en las elecciones argentinas, el tercero seguido de la misma opción política, es un hecho que va más allá de los confines de esta nación y se proyecta al conjunto de América Latina.

cristina-kirchnerSi el giro a la izquierda en la región, el fenómeno más importante de 1998 en adelante, ha producido una docena de gobiernos progresistas, la reelección de los mismos significa el asentamiento de una nueva hegemonía ideológica y política. En el campo de las ideas esto es el asentamiento de una hegemonía distinta a la neoliberal, donde el bienestar colectivo guía a la iniciativa individual y la autoridad pública tiene el liderazgo en la vida social.

En el terreno democrático, el logro extraordinario es el de una democracia de mayorías. Si algo pervirtió el discurso democrático en los últimos 30 años en América Latina fue la democracia de minorías  o la democracia como competencia entre múltiples minorías, como decía Robert Dahl, donde el objetivo no es el bienestar social sino poner límites al poder del Estado, límites que en la abrumadora mayoría de los casos beneficiaron la voracidad de un capitalismo sin reglas.

Néstor y Cristina Kichner, así como Lula y Dilma antes que ellos, rompen con ese monopolio del discurso democrático y establecen en la práctica una democracia de mayorías. Pasamos así al asentamiento de la autoridad del pueblo en las urnas, que se aleja cada vez más del acuerdo tras bambalinas entre las grandes corporaciones y el poder de turno. En esta perspectiva la consideración del otro no tiene como prioridad el derecho absoluto a la propiedad sino los derechos sociales del conjunto, en particular de los trabajadores.

La clave está entonces en el establecimiento de una nueva hegemonía que, como diría Gramsci, tiene un espacio privilegiado en el terreno cultural. Si algo sorprende en la Argentina contemporánea es la hegemonía ideológica progresista existente en el terreno de la cultura y la intelectualidad. Una hegemonía que ha sido afianzada por la ley de medios audiovisuales que multiplica las voces que intervienen en el debate público y afianza la libertad de expresión.

La hegemonía progresista y la democracia de mayoría se explican y completan con la vocación integradora sudamericana que marca la hora en la región. Las democracias en nuestra América, más todavía si se afianzan como democracias de mayoría, necesitan de la integración regional para poder realizarse como tales y defenderse de potenciales agresores. Un ejemplo es cómo la UNASUR reaccionó a los intentos de golpe de Estado del Ecuador y a los problemas entre Colombia y Venezuela.

El peligro, por supuesto, continúa siendo la tentación autoritaria de la democracia de mayoría y la consecuente corrupción que ella entraña. Para la perspectiva liberal esta tentación autoritaria es automática, las democracias de mayoría deben devenir en autoritarismo por no haberse centrado en limitar el poder del Estado. No toman en cuenta, sin embargo, el voto mayoritario en las urnas ni la organización popular que suelen tener estas opciones, que son precisamente los antídotos de esta tentación siempre presente. Pero no es casualidad que los críticos no tomen esto en cuenta porque la democracia de minorías le teme a las urnas y a la organización popular. Para muestra de esto último están las campañas de demolición que llevan adelante contra sus críticos, la cerrada negativa al financiamiento público de los partidos y las leyes de criminalización de la protesta social que han abundado en el Perú en años anteriores.

Entramos entonces en un segundo momento luego del giro progresista ocurrido en los últimos años, donde los cantos de sirena de la democracia de minorías parecen quedar  atrás y el establecimiento de una nueva hegemonía nacional y popular, con nuevas oportunidades y riesgos por delante, empieza a marcar el futuro de la región.

Diario La República

Un conflicto que sigue

Martes, 28 Junio 2011

tayacayaLos tres muertos a causa del conflicto producido por la creación, a cargo del Congreso de la República, de la Universidad Nacional de Tayacaja no son sino la punta de un iceberg que promete darnos más y mayores dolores de cabeza. Hace años que alertamos desde esta columna sobre la necesidad de darle soluciones de fondo a la grave crisis por la que atraviesa la universidad peruana. Sin embargo, como en pocos temas, parece que estuviera instalada la necesidad en determinados grupos de interés de tomar el rábano por las hojas. Una de las manifestaciones de esta distorsión es la creación de nuevas universidades.

El problema de la educación universitaria en el Perú es de calidad de la oferta y no, como quieren hacernos creer, de falta de universidades. Hay, aunque a estas alturas nadie sepa con exactitud cuántas, alrededor de 130 universidades entre nacionales y particulares. Solo nacionales se han creado catorce en el último año y medio, y hay 19 proyectos más en cola, con el agravante de que para estas creaciones se pretende arrebatar su patrimonio a las universidades de San Marcos, Cusco, Piura, Trujillo, Huacho, Huaraz, el Callao y últimamente Huancavelica. Todo esto sin contar las aproximadamente 70 universidades privadas con fines de lucro creadas en los últimos quince años y las decenas de proyectos de nuevas universidades particulares que existen en el Conafu.

La educación universitaria, sin embargo, se caracteriza, salvo honrosas excepciones tanto públicas como privadas, por ser de mala calidad. Hace siete años vino un grupo de la Unesco y señaló que de acuerdo con los estándares de esa organización solo existían en el Perú cinco universidades, tres públicas y dos privadas. ¿De cuántas hablarían hoy día? El caso es que no existe casi investigación y se enseñan carreras con docentes improvisados que en la mayor parte de los casos tienen poco que ver con las necesidades tanto del mercado como del desarrollo nacional. La Asamblea Nacional de Rectores hace años que pide que se pare esta tendencia y se invierta mucho más en las universidades existentes, pero nadie le hace caso.

La solución de fondo es integral. Hace dos años duerme un sueño injusto un proyecto de ley universitaria, discutido en todo el país durante casi una década, que apunta a los temas de la calidad, la pertinencia y la investigación. Es hora de que el gobierno por estrenarse lo ponga sobre la mesa y con su aprobación dé inicio a un nuevo momento para la universidad peruana. Los jóvenes y el Perú se lo merecen.

La República

Nueva mayoría nacional

Martes, 21 Junio 2011

mitinTras dos semanas del triunfo electoral de Ollanta Humala parece empezar a dibujarse en el horizonte un escenario político distinto al que vivió el país durante el proceso electoral y especialmente durante la segunda vuelta. Me refiero al escenario de polarización y desinformación con el que se trató, sin éxito, de hundir la candidatura de Gana Perú. Quizás el último acto haya sido el fallido chantaje vía la bolsa y las exigencias de nombramientos de autoridades económicas, que se desvaneció rápidamente.

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Diario La República