Un esfuerzo de institucionalidad

Discurso por el día del sociólogo en el Colegio de Sociólogos, 15 de diciembre de 2012

1. Asistimos a una reunión celebratoria de la sociología en el Perú. Una reunión celebratoria porque el Colegio de Sociólogos del Perú (CSP) va a juramentar a sus nuevas juntas directivas, a su nuevo liderazgo. Es más, un liderazgo que repite el plato, pero reelecto en comicios democráticos. Y liderazgo significa fuerza, –por eso lo de celebratoria– un hecho más bien raro en la corta historia de la sociología peruana (cincuenta y pico de años) que solo ha demostrado fuerza muy esporádicamente.

2. Lo que hoy aparece ante nuestros ojos es, creo, un esfuerzo de institucionalidad, en una disciplina científica y profesión académica que existe ¡qué duda cabe! Pero está débilmente institucionalizada. De allí la importancia de la ceremonia toda y también la responsabilidad de los que hoy van a jurar.

3. En una época, ya felizmente superada, podíamos decir que la sociología peruana o la proto sociología peruana eran grandes libros y algunos grandes autores. Luego que la sociología propiamente dicha eran las carreras universitarias de sociología y algunos institutos de investigación. Posteriormente que eran las ong en las que la sociología se refugió en su peor época. Pero todo esto no ha sido suficiente para institucionalizar la sociología. Los grandes autores son cada vez menos, las carreras universitarias han venido cerrando, los institutos de investigación casi se han extinguido y los que quedan suelen subalternizar el canon clásico –me refiero al que producen Marx, Durkheim y Weber entre 1840 y 1920– para estar más cómodos con sus clientes. Por ello, es promisorio el afianzamiento del CSP que muy bien podría convertirse en una herramienta definitiva, ciertamente en conjunción con todas las otras, para la institucionalización de nuestra disciplina.

4. Ahora bien, la sociología no es solo ni principalmente institucionalidad. Wright Mills nos dice que la institucionalidad es en realidad la culminación de un proceso en los que son necesarios los grandes libros y las corrientes de pensamiento (cosa esta última en la que todavía estamos en pañales). Por ello tiene que ver, sobre todo, con el contenido que se da a la disciplina. ¿Qué tenemos ahora? Una fragmentada sociología crítica que no se pone de acuerdo en cómo actuar y un saber tecnocrático que no quiere aparecer como sociología para ver si se gana algún contrato. Hay necesariamente que reconciliar a la sociología crítica con el saber tecnocrático para que pueda ejercerse creadoramente la profesión. Esta reconciliación debe dar a luz una intervención pública, como le gusta a nuestro Presidente mundial (de la ISA) Michael Buravoy, positiva de la sociología.

5. La sociología crítica o las ganas de hacer sociología crítica ha sido la forma dominante de hacer sociología en el Perú. ¿Por qué ha sido así? Porque el conflicto ha sido el factor determinante de la dinámica social en el país. El conflicto que se remonta, por lo menos, a nuestra constitución como entidad llamada Perú. La crítica y la sociología crítica se han vuelto entonces una manera de leer el conflicto frente al poder, porque la crítica, como dice Terry Eagleton, siempre es sobre y finalmente contra el poder.

6. Si le hacemos caso a Immanuel Wallerstein en su texto “El legado de la sociología” y asumimos que son tres los conceptos básicos del canon clásico de nuestra disciplina: integración, conflicto y legitimidad. Estamos en un país donde la importancia del conflicto, por más que haya tiempos en que se da solo como espasmo, anula las posibilidades de integración o las pretensiones de legitimidad.

7. Pero lo más grave es que esta predominancia del conflicto se oculta como el motor de la dinámica social, incluso se criminaliza a quien pretenda revelar su existencia. Sin embargo, el conflicto tiene la importancia que señalamos porque la integración –me refiero a la capacidad de articularse que tienen individuos y grupos en la sociedad– es débil, ha sido históricamente débil en el Perú. La urbanización sin industrialización de nuestras ciudades es el mejor ejemplo de ello. Recordemos que la cifra macroeconómica más importante, como señala Bernardo Kliesberg, es el porcentaje de la PEA que tiene trabajo con derechos, trabajo decente dice la OIT y que en el Perú ese número solo alcanza al 20% . ¿Qué integración puede haber si tan solo una quinta parte de la PEA está en planilla? Es decir con un trabajo que produce derechos y por ende ciudadanía. Con una integración tan baja hay razones estructurales para que el conflicto sea alto e incluso muy alto.

8. Algo similar ocurre con la legitimidad, me refiero a la creencia de los ciudadanos en que los que mandan tienen derecho a mandar. Entre nosotros la legitimidad del poder es precaria, igual que la integración es históricamente precaria. La autoridad da bronca pero también da pena. Se ha convertido en un deporte el asunto de la revocatoria con decenas de procesos cada años. Tan popular es el tema que hasta las mafias la practican como vemos hoy en nuestra ciudad.

9. En estas condiciones es lógico que no le podemos quitar razones a la sociología crítica que es una sociología principalmente sobre el conflicto y casi contra el poder. Sin embargo, esta predominancia de la sociología crítica también ha tenido problemas. Recordemos que un hijo putativo de la misma: el fundamentalismo marxista leninista casi se lleva de encuentro a la sociología entera en las décadas de 1970 y 1980, cuando regimentó la mayor parte de los departamentos y las carreras de sociología existentes. Podemos decir que de esa, la sociología, así como muchas otras cosas se salvaron con las justas. Pero fundamentalismos aparte la sociología crítica ha terminado siendo la marca distintiva de la disciplina y la profesión con sobradas razones.

10. La colaboración de la sociología y especialmente de la sociología crítica a otras disciplinas ha sido también muy importante. La más importante, definitivamente, ha sido la influencia en el estudio de la política, o de la ciencia política como dicen los politólogos que quieren su estudio como el de una disciplinaexacta. En el Perú se trata de una relación filial. El estudio de la política es hijo de la sociología, pero aquí se da un fenómeno al revés de lo que generalmente sucede en la realidad. Se trata de un hijo que no quiere reconocer a su papá, que se ha vuelto un poco reaccionario y que cree que puede solo. Pero ya verá, ya verá que casi todo en la vida es un problema de madurez y le llegará finalmente la edad de la razón. La relación con las humanidades en cambio es más grata, ya casi no se puede pensar los temas de la literatura o la lingüística sin pensar en estatus, clases, desigualdad, formaciones sociales, integración etc., aquí sí el reconocimiento es inmediato y le matrimonio fértil. Avanzamos entonces colegas, nos quieran o no nos quieran, qué duda cabe.

11. El desafío hoy es cómo el Colegio como herramienta que parece estar constituyéndose de la institucionalización de la profesión pero también del saber sociológico, pueda cumplir una función orientadora para que nuestras intervenciones públicas no por ser tales dejen de apuntar a los problemas de fondo. Para que de esta forma tengamos un lugar en el concierto de las profesiones del cual ya no puedan sacarnos o por lo menos les sea más difícil sacarnos. (Y digo esto de sacarnos porque cuando estuve al frente del CSP, 14 años atrás, se vivían tiempos peores y había una señora que presentaba proyectos de ley todas las semanas para anular los colegios profesionales). Bueno, para que atendamos y aprendamos a atender las necesidades de la comunidad y hagamos también de la sociología una manera no solo de cuestionar sino también de solucionar los problemas cotidianos.

12. Mis mejores deseos a las nuevas directivas que ya no administran la precariedad de antaño, mis deseos de que continúen con la energía que muestran hoy y que lleven al CSP a nuevos y mayores éxitos.

Nicolás Lynch

Añadir nuevo comentario

Image CAPTCHA
Enter the characters shown in the image.