¿Ha muerto el mestizaje?

En artículo reciente el historiador Antonio Zapata (La República 19/10/16) decreta la muerte del mestizaje. Confundiendo ideas con procesos sociales dice que ahora no habría mestizaje sino multiculturalismo. Obvia así el proceso social más importante que viene desde la Conquista pero que se hace más intenso en el siglo XX que es el mestizaje.

En los últimos setenta años, producto de la forma de desarrollo capitalista que ocurre en el Perú se produce una gran migración del campo a las ciudades de la costa, principalmente a Lima. Esta migración transforma al poblador indígena que migra, de campesino a sujeto social urbano, produciéndose lo que Aníbal Quijano en 1964 denomina la cholificación. Este proceso, ya en la urbe, da origen a lo que Julio Cotler, en quizás su idea más importante, llama “integración segmentada” y Sinesio López, desde el análisis político, “incursiones democratizadoras”. Este es el mestizaje contemporáneo.

Sobre el aporte de Quijano desarrollan también Carlos Franco y Carlos Iván Degregori. El primero en 1991, señalando el bloqueo de este proceso porque la sociedad chola formada en la ciudades no tiene una expresión política estatal propia. Degregori, en sentido parecido, señala que el logro de derechos por parte de los migrantes no se transforma en poder político, pero que son estos nuevos ciudadanos en su desarrollo los sujetos del cambio.

En todos los casos los autores coinciden en la formidable democratización que significa el proceso de cholificación, democratización social en un primer momento y luego, de manera parcial, democratización política.

Ahora bien, esto no significa que este proceso de mestizaje no haya querido ser conducido política e ideológicamente en un sentido distinto. Desde la derecha el intento más común ha sido la integración de lo indígena a lo criollo, pero como distancia en la proximidad, tal como señala Guillermo Nugent. Esta es la alternativa que rechaza José María Arguedas en su discurso “Yo no soy un aculturado” de 1968. Estos intentos de hegemonía, de raíz oligárquica, no han desaparecido porque el proceso de cholificación está bloqueado en su proyección política y ello establece un espacio, aún abierto, de disputa que se da hoy con el neoliberalismo.

La cholificación, sin embargo, no es un proceso único y sin matices. Por el contrario, como le gustaba decir a Degregori, es unidad en la diversidad. No choca por ello con el país pluricultural y multilingüe que tenemos, señala nada más el proceso que atraviesa la abrumadora mayoría de la población en el Perú.

Al dejar de lado medio siglo de reflexión en las ciencias sociales sobre la cholificación y la saga de autores que hemos mencionado, creo que se apuró Zapata en prenderle los cirios del velorio al mestizaje.

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